Primer silencio

Ayer Casa se inmutó: los grillos entendieron que no era momento de cantar, la lavanda murió poquito; me metí a bañar un poco borracha bajo el agua fría y sentí como mi sangre se inquietaba.

Reí tanto, lloré tanto. Casa no supo qué hacer. Quizá no era el momento tampoco de decir nada.

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