Casa

Cielito, ¿qué es esa nueva luz que sale de tus ojos y se refleja en toda la cocina?-, preguntó mi casa, ayer domingo, cuando en la noche nos quedamos a solas.

-Esa luz es nueva, ¿verdad? ¿la habías visto antes? yo tampoco-, contesto.

Casa me mira curiosa, mientras yo recostada cierro los ojos, suena una canción y pienso en auroras boreales.

-Pst Pst -me despierta Casa –¿qué pasa que ahora tu habitación se ha convertido en mi corazón? ¿por qué escucho tantas risas? ¿quién viene ahora y pregunta por el pasto, por el baño descompuesto? ¿es quien también te acaricia el pelo y te hace reír hasta sonar en todas mis esquinas y mover todos mis cuadros?

Abro los ojos, escucho a Casa y sonrío. Contesto que sí y no sigo más.

Ayer vi flores en la mesa y una flor de lavanda. Amo la lavanda; el aroma hace cosquillas en mis muros. Dime, ¿eres feliz? -Casa insiste.

-Sí-. Contesto sonriendo y me doy cuenta que ese calor que Casa siente, es lo que pasa cuando por fin un sitio habitable se transforma en hogar.

 

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