Mar de luz

Una vez se nubló dentro de mi cuerpo. Cómo decirlo. Afuera había luz, tanta que brotaban flores del asfalto y el pasto crecía formando hermosas casas para los hambrientos; los cerezos regocijaban su nuevo amor creando corazones hermosos y cálidos en sus ramas vibrantes, vivos, palpitando canciones.  El sol traspasaba todos los objetos, refractaba y volvía a traspasar los remolinos de luces coloridas; saltaban y hacían fiesta en toda la ciudad,

El metro,

El campo

Mientras veía la luz atisbando la ventana, acariciando los objetos, dentro de un cuarto quieto y quieta yo, esa luz me persiguió y la piel me fue un muro doloroso, fuerte y grisáceo conjunto de células que no dejaban entrar luz alguna, que no dejaban alumbrarme para dar un poco de sombra porque todo era oscuro. Cerré los ojos en el segundo exacto en que la luz golpeó mi cuerpo, mi piel resistió y luchó contra esa luz y sentí un golpe del tamaño de una ola que pesaba toneladas.

Silencioso mi cuerpo, fuerte como árbol, estático e inmune se volvió todo sombra; punto negro en una sábana blanca que jamás vio otro color.

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