Plúmbagos

¡Todo es romper cosas, tirar casas, destrozar niños! Gritó el lobo, cansado, azotando plúmbagos azules amanecidos en su ventana. Saltó y algunas flores se pegaron en su cuerpo. Corría, gritaba, derribaba árboles, mordía piedras, mientras, dejando un camino azulado; el rastro de una valentía arrepentida y asustada que olían los pájaros en sus nidos de vainilla.

Todo es romper casas, tirar cosas, trozar niños, repetía casi con canto, con himno. Avanzando dentro de los árboles donde ya no se ven los árboles. Bajó por un río y atacó; volvióse contra el río. Enfurecido entre el agua contra la que no podía hacer nada, corrió de nuevo a otra parte de ese bosque, lejos, en donde, en un círculo sin bosque, ya en el centro, había ruinas. Estas ruinas, pensó, que fueron una hermosa y diminuta casa; un hogar pequeño y ahora destrozado. ¡Todo es trozar, tirar, derrumbar y no hay más! ¡Todo es ruinas! ¡Todo es madera fuerte que estampa en el suelo, como animal cansado que regala su último aliento! El lobo gritó frente a las ruinas (las ruinas, que fueron un hogar) y las ruinas hablaron, pero sin voz, encendiendo plúmpagos azules que luchaban por salir de las grietas y en medio, el lobo, como animal cansado, cayó. A mitad de los plúmbagos, azules por primera vez, en su última vida, sonrió.

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4 comentarios en “Plúmbagos

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