Baldosa flor

Di un paseo por la noche y lo vi todo: las baldosas mojadas y el agua creyéndose un espejo del cielo, donde yo vi por primera vez un color azul líquido. Me di cuenta de todo, sola, sin ayuda, sin compañía. Me lo dije muchas veces porque a mí lado y conmigo, no había nadie: toda la ciudad enamorándose de sí misma. Me lo conté despacio para no entristecerme del agua que tenía a las baldosas, de los árboles con las macetas, el farol con su luz, la ventana con su flor, la piedra con su musgo, más yo, solita con mi corazón izquierdo que es el único que tengo que a veces parece cantera llovida y con dos mis pies y mi cara inmensa caída y ya. Yo. Cara de lumbre, de sol, de tierra morena, de alacrán, coyote, de transparencia, mirando de lejos el agua que saltaba en las baldosas, yo, mirando de cerca los grandes edificios monstruos citadinos; entendía todo y quizá valía la pena guardar el enorme secreto de los colores que componen la tierra, el ruido, el olor, la lluvia, la altura, el mareo.

Ayer se rompieron todos los secretos vencidos desde hace años. El agua cayó de un vaso, varias personas vieron las baldosas y vieron el agua y desde mi corazón que es cantera, encendí una luz en medio de un parque, con una sombra, que es la tuya.

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4 comentarios en “Baldosa flor

  1. Arita, me encantó tu texto, sobre todo el ritmo de esta frase: con mi corazón izquierdo que es el único que tengo que a veces parece cantera llovida y con dos mis pies y mi cara inmensa caída.

    Leerte me da bienestar. Gracias!

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