Incendio

El perro mira triste desde la ventana, ¿ volverás?

La silla está quieta en la sala, ¿traerás flores como nunca, de repente?

El viento mueve una cortina de tela floreada, horrible que es mi cortina,

¿te quedarás inmóvil otra vez cuando te pregunte si me amas?

El pasto está seco, el patio apenas barrido, ¿me ayudarás a pintar la casa

mientras la música, para después, cansados,

mirarnos el uno al otro en la cama, listos para desnudarnos?

El perro me mira desde la puerta de mi cuarto,

¿vendrás a tirarme una cuerda cuando me inunde dentro de la almohada?

El café de olla recién hecho, con canela, piloncillo y vainilla hierve

huele toda ésta casa, ¿vendrás a vivir conmigo justo cuando sirva las tazas?

El vecino me ha gritado absurdos de nuevo, la policía vino, azoté la puerta para después llorar.

¿tendrás la fuerza que se requiere para ser felices juntos?

Algunas plantas se han secado y parecen no reaccionar;

tengo tantas ganas de incendiarme dentro de todos los recuerdos.

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Sueño 35

Soñé que era mi boda y usaba un vestido muy viejo, pero blanco. Yo traía botas industriales y un tank top negro bajo el vestido. “No es como hubiera pensado”, me decía, viendo mi atuendo y mi poco arreglo personal. El novio nunca llegó, pero llegaba un conocido, muy de traje, muy apuesto. Me disculpaba con él mil veces por haberlo hecho arreglarse por nada.

Después de un rato, entre el tumulto, sola, en una calle, con mi vestido de boda, pensaba “me hubiera casado con ese muchacho, por lo menos estaba arreglado”.

Fin.

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Bitácora del bosque

  1. Entré al bosque.
  2. Había, dentro del bosque, una casa.
  3. Incendiada por una fogata, dentro de la casa.
  4. La fogata parecía amigable, una fogata madre, que invitaba a entrar y sentir la tibieza después de una larga caminata dentro de un frío bosque.
  5. La casa era de madera, soñada.
  6. “Se puede tener todo dentro de un bosque”, pensaba.
  7. La casa era tibia y dentro palpitaba una luz cálida.
  8. La cama era como mi cama.
  9. Tuve un poco de miedo; un nido de viudas negras tenía la casa.
  10. Me acerqué a la telaraña, intentando negociar.
  11. Una araña se posó en mi hombro, sentí miedo, la comí.
  12. La araña me habló con voz suave y maternal, no sé qué cosa. Quizá llegamos a un trato.
  13. Dormí en la cama.
  14. Alguien llegó a romper los vidrios de la casa con palos. Se oyó un estruendo, entraron muchos a la casa, tuve miedo, alguien me mordió un pie, el pie tenía una fisura enorme, veía el hueco de la carne; dolía mucho.

 

Desperté.

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Perritos

Mis perros buscan besos en la noche

ladridos feroces entre las sombras

pelear con gatos imaginarios

salir del cuarto para entrar a la sala

brincar

 

Mis perros también buscan el tiempo perdido

por la prisa de vivir tan poquito

dentro de una casita  con juguetes de pan

 

Mis perros buscan siempre agua fresca

botes de basura

-y flores-

mis perros buscan siempre la orilla del mar.

 

 

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Treinta millones de años

Hubo un momento en mi habitación que se quedó para siempre, como animalito sombrío que huele a vainilla viviendo bajo mi cama y sale a veces a hacerme cosquillas o llora y me hace llorar. Ese recuerdo consta de varios elementos simples: una persona, una voz, varias palabras, dos sombras. Las palabras son las que a veces duelen o hacen reír, las que me hacen fumar un cigarro (y yo ni fumo) y me nublan poquito la risa (aunque haga tanto sol y calor). “Ojalá te hubiera conocido antes” es parte de ese animalito que tú creaste, y que hizo un zumbido en mi cabeza preguntándome siempre ¿antes de qué? ¿Antes para qué? Esa noche vi muy claro la luz lunar entrando por la ventana y sentí tu abrazo en mi costado, casi temblando, con ganas de quedarte para siempre. Las ganas fueron otro tipo de animalito que sí murió con mucho frío, pero el recuerdo de tu voz que reconocía a oscuras, la mía que tambaleó mucho y los te amos con hilitos en los pies se quedaron en ésta habitación como amonites que datan treinta millones de años.

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Puerquitos de piloncillo

Rico el queso de cabra mermelada borracha, pan con miel, hotcakes con fresitas arriba y un poco de azucar; pastel de chocolate con trocitos evidentes, dulces de té verde que me da mi jefe japonés; coricos que me trae mi amigo Luis de Sinaloa que cocina marlin con verduras con salmón con arroz; hamburguesas de arrachera en el cumpleaños de Brendita que la quiero mucho y el pastel de helado  y la cerveza que sea oscura camarones endiabladitos chiles rellenos; canto de huazontles de cien hebritas, quesadillas con flor de calabaza con huitlacoche lunar, quelites en la cima de un tlacoyo de masa azul color del universo; pozole con jardín flotante y rábanitos tiernos; puerquitos de piloncillo, galletitas de animalitos, molotes poblanos y  tlayudas como pizza nacional; mezcal que hierve la garganta, dientes de mezcal de los últimos besos, amor de mezcal.

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